Ellos están hartos de la falta de oportunidades laborales, así como de la inseguridad y la violencia, y tienen mucho que decir al respecto
Me cuesta creer en los falsos millennials o en aquellos X disfrazados de jóvenes que dicen representarlos. Tampoco creo en los provocadores de marchas que terminan matando la libre y “pacífica” manifestación. No creo en quienes repiten que en la marcha del 15 de noviembre no hubo injerencia de partidos e intereses políticos. Y mucho menos que la Generación Z haya llamado así a su propia movilización.
Los jóvenes nacidos entre 1997 y 2012 jamás se identificarían con ese nombre ni con ese formato. Su forma de alzar la voz es distinta; no son títeres de una generación X empeñada en creer que puede manipularlos como si fueran una versión más joven de sí mismos. Saben influir, pero lo hacen con estrategias completamente diferentes a las que vimos el sábado pasado.
Sí, como otras generaciones, ellos están hartos de la falta de oportunidades laborales, así como de la inseguridad y la violencia, y tienen mucho que decir al respecto. Lo que vimos el sábado, sin embargo, fue una marcha capturada por políticos, estrategas y periodistas que, lejos de comunicar con imparcialidad, diluyeron las causas de los jóvenes.
Incluso hubo quien se atrevió a comparar el 15 de noviembre con el 2 de octubre de 1968, una comparación que incluso se siente ofensiva. El Halconazo, para fortuna de nuestra sociedad, no se repetirá. Quienes estuvieron reportando los disturbios en tiempo real jamás mencionaron que la autoridad tiene el deber de mantener el control de la seguridad pública. Y muchos de los que hoy reclaman son los mismos que antes exigían mayor firmeza gubernamental para evitar justamente ese tipo de episodios. Curioso.
Lo que sí quedó claro es que casi nadie habló de lo que realmente le importa a la Generación Z.
Lejos de la narrativa política que quiere adueñarse de su voz, los estudios sobre juventud, tanto del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM como del Pew Research Center, muestran que las prioridades de la Generación Z no van por donde dicen los actores del debate público.
Lo que realmente les preocupa es su futuro económico. Quieren trabajos estables, sueldos dignos y la posibilidad real de independizarse. No piden lujos; piden condiciones básicas para empezar su vida adulta sin caer en la precariedad. También traen muy presente la salud mental. Ansiedad, depresión y agotamiento no son conceptos lejanos; y, a diferencia de generaciones anteriores, hablan de ello sin miedo ni vergüenza. La seguridad es otro tema crucial. Para ellos, moverse sin miedo no es un discurso político, sino una necesidad diaria.
Algo que tienen claro es su rechazo a lo falso. Les incomodan los discursos reciclados, la manipulación disfrazada de activismo y cualquier intento de imponerles causas que no son suyas. Ellos se organizan desde lo digital, con autenticidad, construyendo comunidad y agenda desde abajo. Por eso, una marcha etiquetada por otros, con símbolos y liderazgos ajenos, difícilmente los representa.
Es inevitable condenar la violencia, tanto la del llamado “bloque negro de la oposición” como la de los policías que se excedieron contra jóvenes y personas que sí estaban manifestándose en paz. Pero lo que más preocupa es esa idea insistente de que la Generación Z es manipulable. Esa marcha no nació de ellos, y difícilmente encontrarán ahí un lugar donde se sientan representados
MADRUGUETES
Jornada en Coahuila
La ciudad de Torreón, Coahuila, atestiguó esta semana la Jornada de Normas y Acreditación encabezada por la Entidad Mexicana de Acreditación (ema), presidida por Raúl Tornel y Cruz, en colaboración con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), de Luis Méndez Jaled; la Cámara Nacional de la Industria de Transformación CANACINTRA, presidida a nivel nacional por María de Lourdes Medina; y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), que lleva Mariana Boy. Aquí impulsan el cumplimiento de normas y estándares en productos y servicios, esto en beneficio de la sociedad y medio ambiente entre empresarios, industriales y profesionales de sectores regulados, además de promover el Programa Nacional de Auditoría Ambiental (PNAA), como una práctica ambiental a cargo de la PROFEPA.
Corte de pagos
El personal de Marath Bolaños en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social dejó fuera del Registro de Prestadoras de Servicios Especializados u Obras Especializadas (Repse) a Servicios Integrales Retimar. De acuerdo con la Asociación de Ciudadanos Unidos para Erradicar la Corrupción (ACUEC) la medida tomada por la dependencia tiene que ver con incumplimientos en obligaciones laborales y de seguridad social, por lo que de inmediato dio aviso al Instituto Politécnico Nacional de Arturo Reyes, y a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de Édgar Amador, para que suspendan los pagos hacia la razón social enlazada a José Juan Reyes Mote y José Juan Reyes Domínguez. ¿Se aplicará la sanción de forma inmediata? No se olvide que el Repse nació en 2021 para frenar atropellos contra los trabajadores subcontratados y aquellos que entreguen recursos a la razón social incurrirán en faltas graves.
Movimiento clave en ANPACT
La designación de Alejandra Rosete Conde como directora de Comercio Exterior y Estudios Económicos de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT) marca un giro estratégico para la industria de vehículos pesados en México. Con experiencia en tratados internacionales y regulación aduanera, Rosete llega en un momento donde el nearshoring, la reconfiguración de las cadenas de suministro y las exigencias ambientales obligan al sector a mirar más allá. Sin duda, su incorporación al equipo de Rogelio Arzate fortalece la capacidad técnica de una industria que ya es clave en las exportaciones mexicanas, y si la intención es posicionar al país como plataforma global, la incorporación de este perfil apunta a una buena estrategia.
POR LAURA PUENTE
COLABORADORA
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