Hoy toca el caso Venezuela. Este fin de semana comenzaron a explicar por qué o cómo un país como México debería estar más que nervioso por la captura del dictador más repudiado
En los últimos siete años hemos visto en medios y redes sociales textos que, con igual ligereza, citan a la DEA, al FBI o a supuestos personajes de alto nivel en gobiernos extranjeros para inventar hechos o respaldar opiniones sobre casos ligados, directa o indirectamente, a políticos cercanos a la 4T.
Hoy toca el caso Venezuela. Este fin de semana comenzaron a explicar por qué o cómo un país como México debería estar más que nervioso por la captura del dictador más repudiado en la última década como Nicolás Maduro.
No, el gobierno americano está más que preocupado por resolver y atender todo lo relacionado a la crisis política de Venezuela, así como por contener a los propios actores políticos en Estados Unidos que cuestionaron que el presidente Donald Trump realizara estas acciones sin consultar al Congreso. De hecho, la crítica más contundente no vino de América Latina, sino del propio corazón estadounidense.
Justo en la editorial del The New York Times, el Comité Editorial del diario más influyente de esa nación calificó la acción de Trump como “ilegal e imprudente”, al advertir que la captura de Maduro se realizó sin autorización del Congreso y en violación directa de la Constitución estadounidense y del Derecho Internacional. La editorial subraya que la historia reciente de intervenciones sin marco legal, desde Irak hasta Libia, debería servir como advertencia de los costos, no como justificación de aventuras militares.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en su postura que México rechaza cualquier forma de intervención extranjera, al tratarse de un principio histórico y constitucional. Recordó que la invasión nunca ha traído democracia ni estabilidad duradera, y citó a George Washington, quien llamó a cultivar la paz entre naciones; a Abraham Lincoln, que definió la democracia como el gobierno del pueblo; y, por supuesto, a Benito Juárez, con “el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Y sí, en las entrevistas que citan para inventar que el país que preocupa por temas de narcotráfico es México, sería ideal que también revisaran los discursos y las posiciones oficiales del presidente Trump desde que era candidato, pues estas no han cambiado una línea, pero en los hechos sí ha mejorado la relación bilateral, especialmente en el fortalecimiento de los controles de seguridad en la frontera norte de nuestro país.
Además, cada semana hay intercambio de información entre los equipos de Omar García Harfuch y las agencias de seguridad, mientras el equipo de Marcelo Ebrard para el T-MEC mantiene comunicación directa con sus contrapartes. México ha incautado cientos de toneladas de droga y extraditado a decenas de criminales, siempre con el principio de coordinación sin subordinación.
La captura de Nicolás Maduro y lo que ocurra en las próximas semanas será tema de debate público. Pero inventar fantasías geopolíticas no ayuda a entender un momento delicado para la región.
Los presidentes Donald Trump y Claudia Sheinbaum seguirán la política que históricamente ha definido la relación bilateral, que es de puntos de encuentro y diferencias profundas. Lo único seguro es que a ninguno le conviene tensar la relación cuando hay desafíos mayores por resolver, incluyendo el Mundial de Futbol que requerirá coordinación y control conjunto en toda América del Norte.
Industria con sello
La autorización para que la ANPACT, de Rogelio Arzate, utilice el sello “Hecho en México” no es un gesto simbólico ni un trámite administrativo más; refleja el peso real que la industria de vehículos pesados tiene en la estructura productiva del país y confirma que la manufactura nacional compite con estándares globales.
En un entorno de reacomodos comerciales en Norteamérica, el origen certificado se convierte en un activo estratégico que fortalece la confianza y la posición de México en las cadenas regionales de valor. El sector que agrupa la ANPACT sostiene más de 2 millones de empleos, aporta casi 5% del PIB y mantiene a México como líder mundial en exportación de tractocamiones. El distintivo llega en un momento clave, cuando la integración productiva y la trazabilidad adquieren un valor creciente frente a socios comerciales que demandan certidumbre.
México, sediento de soluciones
La crisis del agua en México ya no es un escenario hipotético, es un problema que avanza en silencio, pero con consecuencias cada vez más visibles. De hecho, tras el cierre de la temporada de lluvias de 2025, más de 10% del país presentaba condiciones de sequía moderada a extrema, lo que anticipa un estiaje en 2026 particularmente complicado en zonas del norte y occidente si no hay lluvias suficientes. El 76% del agua disponible se consume en el sector agrícola, que aún opera mayoritariamente con sistemas de riego por gravedad, obsoletos e ineficientes.
Y es justo ahí donde aplican iniciativas como las de Rotoplas, de Carlos Rojas, que ha impulsado soluciones de captación pluvial, tratamiento y reúso de agua, para mostrar que la tecnología sí existe, pero falta voluntad para escalarla. Más de 60% de los cuerpos de agua en el país están contaminados, según el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y, aun así, seguimos sin invertir lo necesario en infraestructura para tratamiento y distribución.
POR LAURA PUENTE
COLABORADORA
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