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Un hospital que se niega a morir

Un caso de éxito que el gobierno federal y la IP deberían impulsar es el modelo del Hospital General del ISSSTE ubicado en Tláhuac

Durante casi siete años, distintos grupos opositores al gobierno federal han cuestionado el sistema de salud y las instalaciones donde se atiende, todos los días, a más de 1.2 millones de personas. La crítica se intensificó cuando, en su momento, el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su último Informe de Gobierno, el 1 de septiembre de 2024, aseguró que México ya contaba con un sistema de salud “mejor que el de Dinamarca”.

No somos Dinamarca, pero sí existe una infraestructura pública, sólida, integrada por más de 23 mil unidades médicas y alrededor de mil 400 hospitales, donde trabajan más de 224 mil médicos y 310 mil enfermeras que, con recursos limitados y bajo una presión constante, sostienen la atención de millones de mexicanos en todo el país.

Un caso de éxito que el gobierno federal y la iniciativa privada debería impulsar es el modelo del Hospital General del ISSSTE ubicado en Tláhuac, en la zona suroriente de la Ciudad de México, de Clara Brugada.

Tuve la oportunidad de conocer este nosocomio, el cual es muestra de eficiencia operativa de un hospital público al 100% de ocupación, en un día laboral normal por la mañana, cuando el flujo de pacientes, los cambios de turno y la actividad clínica están en su punto más alto y debo recalcar: no se percibe ni el más mínimo sentimiento de caos.

En uno de los pasillos observé una fila de pacientes de hemodiálisis, en su mayoría mayores de 60 años, que acudían para recibir un tratamiento del que depende su vida. Se trata de un procedimiento de alta especialidad que en Tláhuac funciona todos los días con 50 máquinas activas y seis de respaldo, realizando hasta 4 mil 600 sesiones al mes; cada tratamiento dura entre tres y cuatro horas y debe repetirse dos o tres veces por semana, sin margen para retrasos.

Mantener ese ritmo exige agua purificada, filtros, energía estable y equipos en condiciones impecables: una coreografía clínica que no se detiene, porque para quienes acuden, cada sesión cuenta.

Carlos Castrejón lo sabe bien. Vive en Iztacalco y padece apnea del sueño. En su hospital de zona no cuentan con la especialidad que requiere, así que es enviado a Tláhuac para recibir atención. “Aquí sí me atienden como se debe”, dice. “En otros lados te hacen esperar o no tienen el equipo. Aquí llegas y te resuelven”. Le impresiona que, siendo un hospital público, opere con ese nivel de orden y capacidad, aunque lamenta tener que cruzar media ciudad para acceder a un servicio que debería estar disponible en su propia alcaldía.

El hospital cuenta con energía propia, plantas de emergencia y un UPS de 300 kVA que protege los equipos críticos de imagenología, una capacidad comparable a la de un complejo corporativo como Arcos Bosques. La infraestructura se apoya en aisladores sísmicos y certificaciones LEED y de Hospital Seguro, y se gestiona con un sistema automatizado que supervisa en tiempo real todos los sistemas críticos, de la energía a los gases medicinales.

En sus más de 34 mil metros cuadrados de construcción, este centro tiene ocho quirófanos, 42 consultorios, laboratorio, banco de sangre, central de esterilización, CEyE y áreas de imagenología de alta complejidad. El Hospital de Tláhuac no es Dinamarca, pero se acerca y todos los días se niega a morir bajo el peso de un sistema saturado.

MADRUGUETES

Medio ambiente, gobierno e industria

El gobierno de Claudia Sheinbaum arranca 2026 con la publicación en el DOF de la Ley General de Economía Circular, decreto que busca alargar la vida de los productos, reducir y valorizar residuos; además de incluir la responsabilidad extendida del productor. Así, desde la SEMARNAT, encabezada por Alicia Bárcena, la administración morenista fija una postura a favor del medio ambiente bajo criterios de circularidad, para dejar atrás el modelo de economía lineal mediante el cual se extraen recursos para fabricar productos que eventualmente terminan como residuos y se desechan. En este escenario, la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (ANIPAC), que preside Benjamín del Arco, se coloca en la discusión como impulsora de una producción sustentable, y es que, la economía circular no se limita al reciclaje, sino que incorpora el reúso, el rediseño y la reducción de residuos plásticos desde el origen.

Capacidad con rumbo

La decisión de Hutchison Ports ICAVE de avanzar en la Fase II de su Terminal Especializada de Contenedores en Veracruz confirma que la infraestructura portuaria no puede responder al corto plazo. El convenio firmado a finales del año pasado con ASIPONA Veracruz, al mando de Abraham Eloy Caballero Rosas, incorpora una nueva posición de atraque de 350 metros y 31 hectáreas adicionales, llevando la terminal a 1,050 metros de muelle y 72.4 hectáreas operativas. La inversión superior a los 4 mil 500 millones de pesos se traduce en equipamiento concreto: tres grúas STS, 11 grúas RTG eléctricas, sistemas de CCTV, control automatizado de accesos y un nuevo almacén CFS. Esta base tecnológica permite elevar la capacidad proyectada a 2.4 millones de TEUs anuales y atender hasta tres buques de gran calado de forma simultánea. El componente ambiental refuerza la estrategia. La transición a equipos eléctricos se alinea con la meta de reducir 54.6% de CO2 para 2033, respecto a 2021, y avanzar hacia emisiones netas cero en 2050.

POR LAURA PUENTE

COLABORADORA

LAU.PUENTEE@GMAIL.COM

TWITTER: @LAURAPUENTEEN