Usuarios reportan retrasos de meses en piezas, fallas en transmisiones y rechazo de garantías, obligándolos a pagar miles de pesos por reparaciones que deberían cubrirse
Mazda llegó a México con la promesa de calidad japonesa y una reputación que muchos consumidores respetaban. Hoy esa imagen se está desmoronando a base de frenos rotos, transmisiones defectuosas, refacciones que no llegan y un servicio al cliente que brilla por su ausencia. El saldo, además de clientes molestos, son alertas de Profeco y vehículos que ponen en riesgo a sus conductores.
La Procuraduría Federal del Consumidor, que lleva César Iván Escalante Ruiz, ha tenido que encender las alarmas más de una vez. Primero fueron mil 341 vehículos con desperfectos en sistemas de control que podían afectar la seguridad, luego casi seis mil SUV con fallas en el software que podrían dejarte varado sin gasolina en carretera.
Mientras tanto, las quejas de los consumidores se han multiplicado en redes y ante la propia Profeco. Usuarios reportan retrasos de meses en piezas, fallas en transmisiones y rechazo de garantías, obligándolos a pagar miles de pesos por reparaciones que deberían cubrirse. Más de 300 quejas formales acumuladas no son cifras casuales. Aquí hablamos de clientes que se sienten abandonados por una marca que parece ignorar sus obligaciones básicas.
Y como si fuera poco, cuando los clientes menos esperan recibir buenas noticias, Mazda sube los precios de sus modelos para 2026, con incrementos de varios miles de pesos en vehículos que no han resuelto los problemas de calidad que enfrentan sus propios dueños. Esto no solo golpea la economía familiar, sino que envía un mensaje claro de que a los consumidores mexicanos no se les valora ni se les escucha.
Frente a este escenario, la responsabilidad también recae en quienes tienen la obligación de proteger al consumidor. Toca a la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, vigilar con firmeza que estas prácticas no queden impunes y que las alertas de Profeco se traduzcan en sanciones reales cuando las marcas incumplen. Y dentro de Mazda México, su presidente Takeshi Ishibashi debe asumir que no basta con comunicados, ya que los clientes exigen respuestas, acciones concretas y garantía de que sus vehículos son seguros y confiables.
Es justo recordar que la industria automotriz en México no es un tema menor. Este sector representa casi el 5% del Producto Interno Bruto del país y cerca de 20% del PIB manufacturero, además de ser uno de los principales generadores de empleo con cientos de miles de puestos directos e indirectos ligados a la producción y exportación de vehículos y autopartes. México se ubica entre los productores y exportadores de autos más relevantes del mundo, lo que hace que cualquier falla en calidad o servicio no solo afecte a unos cuantos clientes, sino que erosione la confianza en un pilar económico del país.
Mazda no puede seguir ignorando los reclamos ni maquillando su realidad con cifras de ventas del pasado. La marca debe escuchar a quienes sostienen su negocio: los consumidores. Si no actúa con transparencia, calidad y respeto, su reputación en México corre el riesgo de quedar en el lote de los olvidados. Y esa es una caída que ni los mejores eslóganes podrán revertir.
MADRUGUETES
Sin soluciones
En Nuevo León, la política ambiental del gobierno de Samuel García ha quedado atrapada en la narrativa y no en los resultados. Con Raúl Lozano Caballero al frente de Medio Ambiente, la administración ha optado por repartir culpas -al ciudadano, al tráfico, a la industria- sin asumir plenamente la responsabilidad que implica gobernar. La contaminación no se combate con discursos ni con enemigos coyunturales, sino con decisiones firmes, consistentes y medibles.
La apuesta por los camiones ecológicos se vendió como emblema de cambio, pero su incumplimiento revela la distancia entre el anuncio y la realidad. El tráfico está colapsado, el transporte público sigue rebasado y la gente no tiene alternativa más que contaminar para llegar a su destino. En política, las excusas se pagan caro. Menos propaganda ambiental y más ejecución sería un buen punto de partida si el gobierno quiere credibilidad y, sobre todo, aire limpio.
Sheinbaum frena la paridad a modo
En este espacio comentamos la ira que provocó la llamada “Ley Esposa” que se ha ido fraguando en estados como Nuevo León y, especialmente, en San Luis Potosí, que gobierna Ricardo Gallardo Cardona, en donde la maniobra quedó tan expuesta que obligó a la presidenta Claudia Sheinbaum a fijar postura pública y reiterar su desacuerdo con reformas hechas a la medida de intereses familiares y no de una agenda real de igualdad. En su mañanera reiteró que usar la paridad como atajo para heredar el poder no es feminismo, es nepotismo con otro nombre. Y que esa aclaración haya tenido que venir desde Palacio Nacional habla del tamaño del despropósito y del costo político que estas ocurrencias ya están generando incluso dentro del propio movimiento.
El problema de fondo es que estas leyes no sólo erosionan la credibilidad de quienes buscan beneficiarse de ellas, sino que contaminan una lucha legítima que ha costado décadas construir. Por eso la discusión ya no está en si estas reformas son legales, sino en si son éticamente defendibles. Y ahí, por más vueltas que se le den, la respuesta es no.
POR LAURA PUENTE
COLABORADORA
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